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Ventanas de
Bolin Aiyue

Un patrón de observación
de seis pasos, 2021

Cuando uno está confinado en casa durante largos períodos de tiempo, como sucedió durante la crisis de Covid-19, las ventanas se convierten en el único contacto natural con el mundo exterior. Pueden ser estudiadas desde diferentes orientaciones, desde adentro y afuera, y es a través de un patrón de seis pasos que uno puede completar un ciclo de observación.

La residencia y el edificio

He aquí una ventana. ¿Simple vacío por donde pasa la mirada? No. ¿Y qué mirada, la mirada de quién? La ventana, no-objeto, no puede convertirse en objeto. Objeto transicional que tiene dos sen­tidos: de dentro afuera y de fuera adentro. Los dos se marcan y remarcan. La ventana se enmarca de otra manera por fuera (para el adentro) y por dentro (para el afuera). Henri Lefebvre, La producción del espacio, 1991, p.209

 

¿Quién no ha quedado impresionado por la arquitectura moderna china al llegar a Pekín, marcada por sus estructuras utilitarias de estilo bloques de Lego con formas masivas y elementos decorativos mínimos? Bolin Aiyue, también conocido como la Filarmónica de Berlín, es una de estas residencias construidas en 2008 y situada en las afueras este de Pekín, de treinta y ocho edificios de seis a veinte pisos, con miles de residentes de diversas clases sociales. De octubre 2017 a junio 2021, he vivido en el decimocuarto piso de uno de estos edificios, siendo sus ventanas el núcleo de este proyecto de investigación visual, ya que conectaban el mundo interior y exterior de formas que intenté estudiar.

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Pregunta de investigación: ¿Cómo estudiar mis propias ventanas y las de mi residencia desde diferentes orientaciones de adentro y afuera?

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Primera y última fotografía desde mis ventanas norte; 2 de octubre de 2017 y 22 de junio de 2021.

Siguiendo el análisis de Lefevre sobre la ventana, mi propuesta ha intentado explorar y clasificar estas orientaciones en seis capítulos, donde la relación entre el observador y lo observado, ya sea las ventanas misma o lo que se ve desde ellas, es la constante que dió un hilo conductor a las etapas de reflexión y experimentación del proyecto. En estos seis capítulos, comenté referencias artísticas y realicé experimentos visuales, comenzando por las observaciones más móviles y comunes como caminar dentro de la residencia mirando las ventanas de otros desde afuera. Los capítulos siguientes se establecieron más bien en un solo espacio, mi propio apartamento y sus alrededores, lo que reducía el alcance del estudio, a menos que se considere la vista lejana desde mis ventanas. Finalmente, el último capítulo fue el más complejo ya que involucró a cuatro de mis vecinos y sus respectivas ventanas. El proyecto que uno inicia solo en su apartamento se expande al ser compartido con otros.

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De afuera a
otras ventanas

Parte 1

Hay cosas que están a la vista y otras que están ocultas, y la vida tiene más que ver, el mundo real tiene más que ver con lo oculto, tal vez. ¿Qué te parece?

Sin mucha prisa: 13 lecciones de vida con Saul Leiter, Tomas Leach, 2013, min. 45–46.

Cuando André Vicente Gonçalves emprendió su proyecto fotográfico 'Ventanas del mundo' en 2009, examinó no solo las formas de las ventanas, sino también todo lo que las rodeaba, ya sean materiales, colores, balcones, detalles arquitectónicos, macetas, cortinas, objetos, demostrando que las ventanas de una misma ciudad comparten muchos elementos similares. Lo que el artista y el espectador desconocen, por razones obvias, es lo que ocurre dentro de esos espacios. Incluso después de vivir en un edificio durante años, uno se familiariza con sus vecinos, preguntándose quiénes son realmente y haciendo suposiciones sobre cómo viven. En cierto sentido, los retratos de cuarentena de Adas Vasiliauskas (2020) han intentado ofrecernos un vistazo de algunas familias en sus ventanas a través de su dron; sin embargo, estas fueron escenas escenificadas y no tanto momentos auténticos de vida de interior que nos podrían decir más sobre la sociedad.

Durante los primeros meses de la crisis de Covid-19, mientras paseaba por los callejones de la residencia, tomé numerosas fotografías de ventanas, prestando mayor atención a la arquitectura durante el día y a la vida social durante la noche. Sin embargo, dado que la mayoría de las ventanas carecían de cortinas, surgieron preocupaciones éticas si debía invadir la privacidad de las personas al fotografiar sus ventanas sin su consentimiento. Por el bien del proyecto, centré mi atención en luces y en los pocos objetos colocados cerca de las ventanas, como por ejemplo la ropa colgada, en lugar de individuos en situaciones comprometedoras. Además, notaba que en medio de la multitud de ventanas, el contraste entre luces frías y cálidas mezcladas con la oscuridad de la noche no solo evocaban una sensación de magia, pero también de pequeñez frente a tal presencia deslumbrante de vida. Contemplaba estas luces como composiciones artísticas que desataban mi imaginación, ya que detrás de ellas podía haber una familia cenando, un padre contando una historia a su hija, gente haciendo deporte, una pareja viendo la tele o haciendo el amor. Una habitación iluminada alberga infinitas posibilidades que no tienen porqué ser vistas, sino más bien imaginadas. Es esta ensoñación sin malicia la que nos liberaba de la temporalidad, despertando un eco de esperanza hacia la vida en sus varias formas.

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De afuera a
mis ventanas

Parte 2

Lo que hace tan incomparable y tan irrecuperable la primera visión de una aldea, de una ciudad en el paisaje es que en ella lo lejano resuena en lo lejano con la más estrecha unión. La costumbre todavía no ha hecho su trabajo. No bien comenzamos a orientarnos, el paisaje desaparece de repente como la fachada cuando entramos en una casa. Este aún no ha conseguido la supremacía debido a la investigación constante, convertida en costumbre. Una vez comenzamos a orientarnos en el lugar, esa imagen primera nunca puede restaurarse. Walter Benjamin, Calle de sentido único, 2016, p.63

 

Después de observar las ventanas de otras personas, fue entretenido observar mis propias ventanas desde fuera, limitando la sensación de vigilancia a una sola área específica. Situadas en el decimocuarto piso de un edificio cerca de la carretera Chaoyang North, mis ventanas estaban orientadas hacia el oeste y el norte, la mayoría con una altura de 1.35 metros, excepto las del balcón cerrado del dormitorio, ya que eran ventanales reemplazando la pared. Desde afuera, esas destacaban por sus marcos blancos y sus barras de madera rotas a la izquierda; la ventana del baño también se diferenciaba de las demás al tener la mosquitera subida; mientras que mis ventanas norte estaban adornadas con pegatinas navideñas, facilitando su identificación desde el otro lado de la calle. Fue entonces, al ver cómo habían cambiado, que me di cuenta de que nunca volvería a sentir esa primera e irreemplazable impresión de mi edificio—ese día de Octubre 2017 en que supe que aquí era el sitio donde iba a vivir.

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Proyecto de ventana de Alper Yesiltas.

Serie de fotos capturando mis propias ventanas desde diferentes puntos de vista.

Al investigar, recordé que el fotógrafo Alper Yesiltas solía fotografía una ventana que daba a su habitación durante doce años (2017), y aunque no fuera la suya; uno de repente la percibe como un ente vivo. Tiene su cortina blanca, su pared que cambia de colores, desde días nevados hasta soleados, y el paso del tiempo la transforma gradualmente hasta que finalmente es destruida, desapareciendo así como la vida misma cuando uno fallece. Esa contemplación activa de la misma ventana a lo largo del tiempo muestra una rara perseverancia en representar el mismo elemento hasta convertirse en una obsesión. En mis fotografías, opté por examinar mis ventanas desde diferentes distancias y ángulos, en lugar de depender de un único marco de referencia, y asimismo pedí a dos vecinos que tomaran una foto de mis ventanas desde afuera, después de indicarles cómo reconocerlas. Compartir mi ubicación exacta con otros disminuyó momentáneamente mi sensación de privacidad; sin embargo, comencé a imaginarme como un extraño mirando esas mismas ventanas años o incluso décadas después, siendo la única entrada que me queda a esa vida pasada que una vez tuve.

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De mis ventanas
hacia afuera

Parte 3

Quien camina por la calle, allá, está inmerso en la multiplicidad de ruidos, murmullos, ritmos [...] En contraste, desde la ventana, los ruidos se distinguen, el flujo se separa, los ritmos responden entre sí. Hacia la derecha, abajo, un semáforo. En rojo, los autos detenidos, los peatones cruzan, murmullos débiles, pasos, voces confusas. Henri Lefebvre, Ritmanálisis, 2013, p.38.

 

Llega un momento en que las orientaciones cambian, ya que la observación ya no ocurre desde el exterior, sino desde el interior, desde la ventana inamovible. Al investigar pinturas como 'Goethe en la ventana' (1787) de Johann Heinrich Tischbein, 'Mujer en la ventana' (1822) de Caspar David Friedrich, o 'Madrugada' (1858) de Moritz von Schwind, los sujetos son vistos desde atrás, mirando por una ventana abierta mientras que los detalles de árboles, montañas o edificios apenas son visibles, ya que los pintores estaban más interesados ​​por los interiores. Comenzamos a ver detalles de las calles parisinas en los balcones impresionistas de Gustave Caillebotte, aunque el espectáculo en su totalidad visto por los sujetos no siempre se nos muestra.

 

Más recientemente, en la última década, el pintor canadiense Shaun Downey retrató a mujeres contemplativas y solitarias en sus apartamentos, algunas mirando por la ventana en composiciones serenas y elegantes, ya sea enfocadas en elementos específicos de afuera, a veces incluso usando binoculares, o dejando que su mente divague libremente, probablemente consumidas por sus propios pensamientos en esa actividad solitaria de naturaleza introspectiva. Antes de Downey, el pintor estadounidense Edward Hopper pintó memorables escenas urbanas que captan esta soledad, y es durante la crisis de Covid-19, que su pintura "Mañana en Cape Cod" (1950) fue ampliamente compartida en las redes sociales, retratando a una mujer tensa que mira por una ventana, incitando el espectador a contemplar las incertidumbres que podrían surgir en un lugar tan aislado, como el miedo a un virus desconocido. Cuando solo se nos muestra la mitad de una historia, las suposiciones se hacen más fuertes en la mente imaginativa.

Más allá de los sujetos, sus interiores y sus experiencias internas, buscamos saber lo que las personas realmente ven desde sus ventanas, y es con la llegada de la fotografía que se revela mejor el espectáculo de la ciudad. Con una vista del parque Washington Square desde su piso 12, el fotógrafo André Kertész capturó fragmentos de la vida citadina desde 1952 hasta su muerte en 1985, mientras que de 1958 a 1985, la fotógrafa Ruth Orkin realizó un proyecto comparable desde su apartamento del piso 15 en 65 de Central Park West en Nueva York. Ambos estaban lo suficientemente alto para ampliar su alcance de mira y lo suficientemente cerca para adentrarse en la intimidad de las personas, en los parques y sus alrededores urbanos. De manera similar, en su documental Hush (2003), Víctor Kossakovski dirigió su mirada hacia su calle en San Petersburgo, documentando no solo el sentido nietzscheano de retorno eterno en las reparaciones y limpiezas repetidas de una carretera de concreto durante un año, sino también los fragmentos que hacen que la calle sea tanto cautivadora como anodino al mismo tiempo.

 

El punto de vista único ofrecido por una ventana nos invita a contemplar y relacionarnos con la vista de una manera más atenta, aún más cuando aquella interacción toma lugar todos los días. Llevando esta lógica aún más lejos, uno podría capturar la cotidianidad en sus ciclos al elegir una constante estática inamovible, como hizo el fotógrafo ucraniano Yevgeniy Kotenko al fotografiar un banco de parque local durante una década, de 2007 a 2017. El banco era visible desde la ventana de la cocina de sus padres en Kiev, lo que le permitía documentar sus encuentros con la gente. Además de captar la vida urbana, no se debe pasar por alto la ventana misma como un elemento físico con su propia forma y materialidad, que se interpone entre el espectador y el mundo exterior. El fotógrafo Josef Sudek, por ejemplo, tomó una serie de fotografías tomadas de la ventana de su estudio en Praga. El libro titulado "La ventana de mi estudio" no solo documenta lo que sucede a través de la ventana, sino que también presentan los cambios en su apariencia con el tiempo, desde el cristal transparente hasta el cristal esmerilado o salpicado de agua, dependiendo de los días. 

A partir de todas estas referencias, he explorado una serie de observaciones desde mis ventanas, recopiladas en un video de quince minutos. Si tuviera que describir lo que veo desde mis ventanas norte, hay la carretera de Chaoyang North Road, con una mezquita detrás, seguida de una escuela y edificios en todas direcciones, con montañas distantes visibles solo en días despejados. Desde mis ventanas oeste, los edificios residenciales están a la izquierda y al frente, luego una zona de descanso animada justo debajo y la carretera a la derecha. Durante meses, he fotografiado los mismos tendederos en este espacio comunitario, capturando las sutiles variaciones de color a medida que diferentes personas traían sus sábanas para secar. Asimismo, el 22 de mayo, grabé las vistas y los sonidos desde esta misma ventana a intervalos de tres horas durante veinticuatro horas, capturando estos fragmentos visuales y sensoriales antes de las siete de la mañana durante siete días consecutivos. 

 

Explorar los ritmos del área de esta manera me permitió presenciar el movimiento del sol y escuchar diferentes sonidos aparecer además de los coches. Si tuviera que pensar en cuáles son los momentos que más disfruté desde mis ventanas, fue entre las seis y las ocho de la mañana, cuando podía escuchar cantar a los pájaros, a la gente haciendo ejercicio, y al reparador de dispositivos electrónicos por el megáfono. ¿Por qué ese sonido? Me tranquilizaba saber que la vida seguía su curso habitual. Sentía lo mismo en las tardes de verano, entre las siete y las ocho, al disfrutar del sonido de los niños jugando y de las mujeres bailando, especialmente con la canción de Wang Qi, De pie esperándote durante tres mil años (站着等你三千年), hacia las ocho y cuarto de la noche.

Tendederos, bancos y un área de juegos vistos desde la ventana de mi baño.

View from my living room window.

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Video realizado desde la ventana de mi baño.

Mientras apreciaba los sonidos desde las ventanas oeste, disfrutaba de la vista de las ventanas norte. Desde mi perspectiva oculta, he grabado las montañas, observado el final del mes de ayuno de Ramadán en la mezquita así como a personas caminando y trabajando en la calle. Si fuéramos más individuos actuando así, nos convertiríamos en los observadores de la calle defendidos por la escritora urbana Jane Jacobs como los "ojos en la calle" que pueden aportar más seguridad a una ciudad al ser "los propietarios naturales de la calle" (1961, p.35). Como ciudadanos, proporcionaríamos una comprensión valiosa de una calle o residencia, pero se necesitaría debatir sobre la presencia de estos ojos y cómo responden a lo que se observa.

Si se encuentra en China, es posible que deba activar su VPN para ver este video.

Finalmente, inspirado en las pinturas descritas anteriormente, me fotografié como sujeto que mira afuera a través de sus cuatro ventanas. Estos autorretratos constituyeron una sub-categoría, resaltando como la postura e interacción que tuve con cada ventana podía variar, ya que solía estar sentado en mi escritorio cuando observaba por la ventana del salón, mientras que estaba de pie cuando observaba a través de las otras ventanas de mi apartamento. Aunque este capítulo se centró más en lo que se veía fuera, no me omití como observador y el lugar desde donde realicé tal observación. Habiendo dicho esto, esta exploración de la ventana en su fisicalidad y su impacto en los interiores del apartamento se llevaron un paso más allá en el próximo capitulo.

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De mis ventanas
hacia dentro

Parte 4

Aquel oscuro frescor de mi cuarto era al pleno sol de la calle lo que la sombra al rayo, es decir tan luminosa como él, y ofrecía a mi imaginación el espectáculo total del verano, del que mis sentidos, si hubiese salido a pasear, sólo habría podido disfrutar de modo fragmentario. Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, Por el camino de Swann, p.114.

 

El genio de Vermeer radica en su capacidad para representar la luz que entra en su estudio desde su ventana, pero es una vez más Edward Hopper quien me cautiva. “Sol en una habitación vacía” (1963) se erige como el pináculo de su exploración de la luz solar en el suelo y las paredes de un apartamento vacío, creando formas rectangulares brillantes y oscuras que varían con la orientación y la forma de la ventana. La intensidad de la luz y las superficies que ilumina también afectan las tonalidades de color, ya que los efectos de la luz en una pared de hormigón verde no serán los mismos que en un suelo de parquet. Siguiendo esta exploración, he buscado fotografiar esos efectos en mis cuatro habitaciones para desvelar sus sombras. Metafóricamente, desde mis ventanas hacia ‘dentro’ no solo significaba que el ‘exterior’ entraba en una habitación, sino también en mí, en mi esposa, y en la forma en que la luz—o su ausencia—moldeaba nuestro estado de ánimo, nuestro despertar y nuestra percepción de lo que el día podía depararnos.

Más allá de proporcionar luz y vistas, las ventanas cumplen diversas funciones prácticas en la vida diaria, aquí como en cualquier otro lugar. Después de ducharnos, solíamos abrir la ventana del baño para que se secara el suelo, y después de cocinar, abríamos tanto la ventana de la cocina como la del baño para disipar olores. En invierno, el ocaso en el balcón interior calentaba la habitación y en verano, las abríamos para ventilar y evitar depender del aire acondicionado—acciones que resultarán familiares a cualquier lector. Para evitar que la puerta se cerrara abruptamente por tener las ventanas abiertas, usaba un cordón de zapato para atar el mango de la puerta a un toallero, y poníamos la mosquitera para evitar insectos dentro, lo que paradójicamente obstruía nuestra vista. Lo mismo ocurría cuando abríamos la ventana para ventilar, teniendo polvo a cambio, como si fuera inevitable que la ventana tuviera ese doble papel. Si bien las ventanas son principalmente un elemento funcional, algunas pueden carecer de utilidad práctica, mientras que otras se ven adornadas, como las grandes ilustraciones y las estrellas de Navidad que añadimos en unas de ellas, dejándonos con un toque más bien feérico dentro del apartamento.

Efectos de luz provenientes de mis ventanas.

Otras funciones además de la luz.

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De mis ventanas a
otras ventanas 

Parte 5

Ese es un mundo secreto y privado que estás investigando. La gente hace muchas cosas en privado que no sabrían explicar en público. La ventana indiscreta, Alfred Hitchcock, 1954, min. 75.

 

En “Ventanas en la noche” de Edward Hopper (1928), vemos la media figura de una mujer anónima cerca de las ventanas iluminadas de su apartamento, de noche, sin saber que está siendo observada por voyeuristas, ya sea el artista o los espectadores de la obra. Aunque el observador podría estar en la calle mirando esta misteriosa y erótica escena, el punto de vista es más alto, siendo observada desde la ventana de otro edificio. La pintura parece un fotograma de la película de Alfred Hitchcock “La ventana indiscreta” (1954), como si la mujer fuera vecina del fotógrafo L.B. Jeffries, interpretado por James Stewart. Mientras espía a sus vecinos y les pone apodos, descubre un asesinato al llevar su práctica voyeurista más allá de la ética, cruzando la línea entre lo privado y lo público. Impulsado por la curiosidad, la observación incesante puede llevar a uno a enredarse en la vida de las personas, a veces con consecuencias inimaginables.

En el cortometraje 'La ventana de los vecinos' (2019), una pareja espía la ventana de otra pareja y se sorprende al descubrir, al final, que estaban siendo observados por esa misma pareja todo este tiempo. Algunas personas pueden actuar de forma impulsiva sin dejar lugar a su sentido común, al robar lo que no debería ser robado: nuestra privacidad, libertad y vulnerabilidad. Obras de fotógrafos como Merry Alpern (1995), Gail Albert Halaban (2009), Fosi Vegue (2014) o Yasmine Chatila (2016), revelan lo controvertido que puede ser el acceso a apartamentos anónimos bajo el cobijo de la noche, revelando escenas ordinarias o, en algunos casos, actividades sexuales. La sociedad totalitaria de vigilancia es criticada por todos nosotros como ciudadanos libres, pero cuando individuos buscan vigilar a sus vecinos con su cámara, se les llama artistas.

Es paradójico pensar que aquellos que toman a otros en foto probablemente no aceptarían ser fotografiados ellos mismos. La búsqueda de privacidad se podría resumir a correr la cortina y apagar la luz, para evitar ser vistos por la noche, ya que “nunca miramos solo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos […] Poco después de ver, nos damos cuenta de que también podemos ser vistos. El ojo del otro se combina con el nuestro para dar plena credibilidad al hecho de que formamos parte del mundo visible” (Berger, 1972, p.9). En este contexto dado, la obra “Fresh widow” (1920) de Duchamp, con sus cristales cubiertos de cuero negro, puede protegernos del mundo exterior pero también puede encerrarnos en nuestra soledad, al igual que una ventana que da a una pared. Aunque haya observado a mis vecinos en ocasiones, como los artistas trastornados descritos anteriormente, los he evitado en la mayoría de mis fotografías, capturando solo sus siluetas y enfocándome en los interiores como si sus ventanas fueran el marco de una obra de arte, una metáfora tomada de 'La condición humana' (1933) de René Magritte y su serie de ventanas rotas.

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Las ventanas
de mis vecinos

Parte 6

...El drama del desencantado que se arrojó a la calle desde un décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida. Gabriel García Marquez, Cuento sin título, n.d.

 

El capítulo final de este proyecto buscó dejar de lado mis experiencias con mis ventanas para comprender mejor la de residentes de Bolin Aiyue con las suyas. Para ello, involucré a cuatro antiguos colegas francófono, residentes del complejo, aprovechando un muestreo por conveniencia en cuanto a la ubicación y disponibilidad de los encuestados extranjeros. Otros criterios de selección incluían vivir en la residencia más de seis meses y confianza mutua entre nosotros como investigador y participante. De esta forma, realicé entrevistas semi-estructuradas en el apartamento de los participantes a fines de febrero de 2021, de aproximadamente 30 minutos cada una, recopilando información sobre sus experiencias pasadas y presentes con las ventanas.

En la fase de recolección de datos, grabé las entrevistas para capturar matices en las respuestas de los participantes, facilitando el posterior análisis. Tomé fotografías y videos de las ventanas y sus vistas, mejorando la representación visual de las historias compartidas. En la fase de análisis de datos, escuché las entrevistas varias veces, transcribiéndolas y analizándolas, utilizando notas adhesivas para sintetizar los puntos clave de las respuestas de cada participante. Realicé un agrupamiento inductivo de estos puntos para identificar temas principales y estructurar los hallazgos de los siguientes párrafos y, por último, realicé un video para visualizar partes de nuestras discusiones y permitir que el espectador percibiera, en cierta medida, los pensamientos, historias y formas de ver su propia ventana.

Perfiles y estructura de la entrevista

Los participantes eran tres hombres y una mujer, uno de los cuales era marroquí y los demás franceses. En el momento de las entrevistas, Youssef residía en el séptimo piso de un edificio pequeño, donde vivió durante seis meses. Aube residía en el décimo noveno piso de un edificio en el que ha estado durante un año y medio. Clément y François residían juntos como compañeros en el décimo sexto piso del edificio de Aube, con Clément viviendo allí durante casi dos años y François durante seis meses. Alenté a los participantes a discutir sus experiencias con su ventana preferida; sin embargo, François eligió la ventana que menos le disgustaba. Las ventanas que seleccionaron estaban principalmente ubicadas en el salón, excepto Youssef, quien eligió la ventana de su dormitorio ya que era para él la única disponible con la que establecer un vínculo real. Por lo tanto, las entrevistas se estructuraron para progresar desde las descripciones de las observaciones y opiniones de los participantes sobre sus ventanas a reflexiones sobre sus preferencias personales en espacios de vida. Este enfoque facilitó una comprensión integral de las relaciones de los participantes con sus ventanas, que abarcan sus habilidades de observación, comprensión de los entornos urbanos, recuerdos personales y respuestas imaginativas a escenarios hipotéticos.

Vistas y sonidos

Los cuatro entrevistados, situados a diferentes alturas, veían principalmente edificios, calles, coches y peatones, indicativos del paisaje urbano. Desde su decimosexto piso con orientación sur, Clément y François tenían una vista panorámica hacia un estadio de escuela secundaria y el horizonte de la ciudad con sus edificios amontonados. Aube, desde su decimonoveno piso con orientación oeste, tenía una vista frontal de un edificio, pero también podía ver los caminos internos de la residencia al girar la cabeza hacia la derecha. En cuanto a Youssef, veía lo suficientemente cerca la vía principal de la residencia con sus árboles, coches y personas desde su séptimo piso orientado sur.

Más allá de lo que observaban los entrevistados, sus emociones eran desveladas cuando se les pregunta sobre sus preferencias y disgustos con su vista actual. Para Clément y François, el estadio de la escuela secundaria y la guardería adyacente daban vitalidad al área, pero François destacaba que de lo contrario "no hay mucho que ver ya que la vista es un poco triste con estos edificios alrededor". Ambos estaban de acuerdo en que la vista era bastante estática, careciendo de variedad, dinamismo, vegetación y colores que podrían despertar su curiosidad. Mientras Clément decía que "en diez años la vista seguirá siendo la misma", se sentía satisfecho con esta gran ventana ya que le daba "la sensación de tener verandas de estilo occidental", ofreciendo abundante luminosidad y una amplia vista que, basado en su experiencia, era bastante inusual en China.

Aube apreciaba la variedad de su vista, incluyendo el paisaje y el zumbido de la ciudad, pero también la luna, los amaneceres, los atardeceres, el movimiento de Venus, y la presencia de las montañas por las mañanas de cielo despejado. Según Aube, "en cada momento, algo faltará ya que es el momento del día lo que revela o esconde lo que vemos". Estas variaciones forman parte de una rutina que nos calma a todos inconscientemente al confirmar que la Tierra sigue moviéndose alrededor del Sol y que la vida sigue a pesar de un día bueno o malo. Aube comparaba su monitoreo de estos ciclos diarios con el de una conserje que se asegura de que todo está en orden. En contraste, Youssef, privado de estas vistas y de lo que sucedía más allá de la residencia, disfrutaba de un hábito nocturno al contar las ventanas que, "como la suya", estaban iluminadas a la una o dos de la mañana. Aparecía más neutral en comparación con el entusiasmo evidente de Aube y Clément o el descontento de François con sus respectivas vistas.

La vista de una ventana podía evocar experiencias tanto positivas como negativas. Cuando pregunté sobre los sonidos urbanos, Aube expresaba estar "relativamente privada de ruidos" debido a la altura de su apartamento. Aunque percibía el zumbido de la ciudad, ese no perturbaba su calma ya que la hacía sentirse "con otros humanos". Sin embargo, cuando pregunté sobre sonidos que no le gustaban, Aube me contó que investigó durante días para identificar la fuente de gritos recurrentes. Relataba haberse asustado ya que "no podía entender por qué esos hombres gritaban tan fuerte y tan temprano" y pensó que estaban peleando, solo para descubrir que era un ejercicio militar. Aube reconoció su dificultad para filtrar ruidos, recordando el ladrido afligido de un perro durante semanas como otro ejemplo que interpretaba como signos de angustia.

Ya que estos sonidos se escuchaban repetidamente todos los días, se volvían familiares y uno se acostumbraba a ellos, incluso detectando la hora en que debían escucharse; tarde para el perro y temprano en la mañana para el saludo militar. Aube también notaba los maullidos de gatos en celo resonando entre los edificios, concluyendo que "le gustaría escuchar pájaros' pero solo escucha 'gatos, perros y gente gritando". Al escucharla, diría que, de forma general, sentía calma desde sus ventanas, aunque una serie de sonidos repentinos y distintos eran desagradables. Como François y Clément vivían en el mismo edificio, también escuchaban a estos gatos en celo. François lamentaba que "raramente escuchamos cosas agradables como música" mientras que Clément se quejaba de la vista del vertedero de la residencia y del ruido disruptivo de los camiones de basura cada semana durante tres o cuatro horas, rompiendo la "atmósfera monótona" que solían tener en casa, "como si de repente nos estuviéramos mudando de un ambiente a otro".

Funcionalidad

Aparte de la vista que ofrece, una ventana puede tener un valor significativo por sus cualidades inherentes. Youssef destacaba varios atributos de su ventana con doble acristalamiento, ya que forma un balcón cerrado que es "como un calentador", cómodo pero también práctico para secar la ropa. Además, enfatizaba la iluminación natural, ya que la ventana le ayudaba a despertarse más temprano, y luego, el aislamiento del ruido, probablemente debido al doble acristalamiento y por estar ubicado dentro de la residencia y no cerca de la carretera. La ventilación era otro aspecto esencial para Youssef, ya que veía important tener una habitación bien ventilada y, por último, me señalaba que una ventana reduce el consumo de energía. La luz natural reduce la necesidad de lámparas, y sus funciones de calefacción o ventilación evitan el aire acondicionado o calentadores. Youssef realmente se convirtió en un experto de su propia ventana a través de estas observaciones y, especialmente, al mencionar los ruidos ocasionales producidos por el vidrio mientras se enfría por la noche después de estar caliente todo el día, lo cual resultó ser cierto ya que pude escuchar un "toc" cada dos minutos mientras lo entrevistaba.

Una ventana puede cambiar nuestra percepciones de la vida en interiores y exteriores. Inicialmente, la ventana que Aube compartió no era su favorita, ya que era demasiado pequeña pero, al ver más variedad, se volvió cada vez más interesante y comenzó a tener un impacto positivo en su estado de ánimo. Por otro lado, Aube veía que la ubicación de la ventana podía permitir que los vecinos la vean a ella y a su hija desde el edificio de enfrente, lo que las incitó a cerrar la cortina cuando veían películas en la sala de estar. Aube reflexionaba sobre esta necesidad de protección, comentando "no quiero ser vista y sé que es una forma para que las personas me vean", contrastando con la sensación anterior de la ventana como un portal para volar hacia el mundo exterior. En una anécdota final, Aube revelaba haber superado su miedo a las alturas al estar en el piso diecinueve, y que ahora es su hija quien le recuerda de tener cuidado al asomarse.

Como Youssef antes, François veía su ventana como una fuente de luz y ventilación para el salón, permitiéndole despertarse más fácilmente por la mañana. Curiosamente, la ventana también servía para distraer a su gato, Robin, cuando estaba abierta, mientras que la mosquitera evitaba que se cayera. Clément incluso decía que Robin tenía su "propio rinconcito para descansar y disfrutar del sol" al tener un soporte para gatos en la ventana. A pesar de eso, François seguía despreciando irónicamente su ventana una vez más, afirmando que tenía poco efecto en su estado de ánimo. En contraste, Clément insistía en sus virtudes, ya que los grandes ventanales inundaban la habitación de luz, y eran agradables, fusionándose bien con la decoración interior del apartamento. También señalaba la utilidad del horizonte como indicador de contaminación al ver los edificios cubiertos, y la intensidad del viento al ver los árboles balanceándose. Además, Clément y François divergían con respecto a las barras de la ventana, dado que el primero apreciaba el sentido de seguridad que proporcionaban mientras que el segundo sentía que le privan de su libertad. Era entretenido ver cómo la misma ventana podía ser percibida de manera diferente por dos individuos que viven en el mismo apartamento.

La sensación de estar en China

Los participantes aportaban puntos de vista diferentes cuando les preguntaba si se sentían en China al mirar por la ventana. Aube decía que, al menos, no se sentía en París ya que "no huele como París", y Clément confirmaba no sentirse ni en Francia ni en Europa. Curiosamente, Aube era la única que no asociaba la vista de su ventana con China. La describía como "un suburbio algo feo de Dijon o Brest", mientras que François decía poder confundirlo con un suburbio parisino si no fuera por ciertos detalles como las fachadas, las banderas chinas o las pegatinas rojas en las ventanas, característicos del paisaje urbano chino. Al reflexionar sobre los identificadores culturales, vi que François, Clément y Youssef tenían el carácter Fu adornando sus ventanas, símbolo de buena fortuna, que Youssef señalaba como emblemático de las ventanas chinas.

Durante el Año Nuevo Chino, Youssef se sentía en China en medio de las linternas rojas, nudos y dísticos de puertas, elementos decorativos integrales de la cultura y visibles desde su ventana, mientras que Clément y François tuvieron esa misma sensación al ver fuegos artificiales desde las suyas. Además, Clément identificaba edificios apiñados y la ausencia de persianas como indicadores clave de estar en China, preguntándose cómo sus vecinos lograban dormir sin estar en la oscuridad. Aube también vió que en el interior de los apartamentos, encontraba a "personas sin cortinas, que no se esconden, con interiores tristes y mal iluminados". A pesar de su curiosidad por saber más sobre sus vecinos chinos, los cuatro participantes coincidían en la privacidad, reconociendo la necesidad de desconectarse del mundo exterior, especialmente al final del día. De alguna manera, casi parece que el "hogar", como un rincón fuera del tiempo y el espacio, no necesita necesariamente estar situado en un país específico, a menos que el mundo exterior pida nuestra atención y nos devuelva a la "realidad".

Ventanas del pasado

En el ámbito de las experiencias, las ventanas juegan un papel fundamental en formar nuestras preferencias y aversiones en espacios habitables, influenciando la selección de una pieza. Durante su cuarentena en Shanghái, se les asignaron a Aube y su hija dos habitaciones con pocos minutos para visitarlas. Aube no eligió la que tenía una ventana tapiada, sino la que tenía una ventana tipo bahía, alrededor de la cual creó su mundo. Su hija no notó ninguna diferencia, pero Aube la notó instantáneamente y concluyó que "una ventana es un ojo, un túnel para escapar". Con solo minutos para decidir, las ventanas se convierten en un indicador fiable para imaginar la vida en un espacio.

De manera similar, en un viaje a Benin, François tuvo una habitación con ventanas muy pequeñas, que le impedían disfrutar de una vista exterior. Decepcionado, optó por pasar su tiempo en una oficina en el piso de arriba con una gran ventana tipo bahía y un balcón, que tenían abundante luz natural. He aquí ejemplos de personas que aún podían elegir su habitación, ¿pero qué ocurriría si no hubieran estas opciones? En sus primeros años en Pekín, Clément tenía compañeros de piso que vivían en habitaciones estrechas lo "suficientemente largas para poner una cama y un armario", que carecían de ventanas, algo que él consideraba "impensable". Similar a la experiencia de Aube, una vez alquiló una habitación en un hotel con una ventana que daba a una pared, y se imaginó cómo podría sentirse si estuviera privado de una vista. Es en este momento cuando Clément reforzó su aprecio por sus ventanas, particularmente durante el período de confinamiento de febrero a mayo de 2020. En este sentido, los cuatro participantes enfatizaron la importancia de haber tenido ventanas durante la pandemia de Covid-19.

Nuestros encuentros con las ventanas entrelazan partes de nuestras vidas, removiendo miedos, frustraciones, alegrías y aspiraciones, todo tipo de recuerdos. François recordó las ventanas del ático de su abuelo, ya que tenían barras que restringían su campo de visión, contrastando con la libertad lúdica que tenía en el tragaluz de su dormitorio de infancia. De manera similar, Aube recordó la casa balzaciana del siglo XIX de su abuela con sus ventanas ojo de buey, encantadoras desde afuera pero intimidantes desde adentro. Reflexionando sobre su pasado, Aube expresó su decepción con los lugares en los que ha vivido donde las ventanas no ofrecían vistas expansivas, a menudo mostrando cosas poco interesantes. Aube siempre ha deseado que las ventanas la satisfagan. Su ventana actual cumplía con estos requisitos, ya que comenzó a girar la cabeza hacia la derecha, pero esto no fue así inicialmente. Aube concluyó diciendo que, antes de quejarse, debería aprender a buscar lo que sus ventanas escondían; "tenemos que domarnos mutuamente, tengo que domar la vista". En su experiencia, las ventanas a menudo la han frustrado al principio pero despertaban intriga después, casi como si las ventanas debieran proporcionar la vista que queríamos sin esfuerzo, al igual que cuando una audiencia se queja de obras de arte que ocultan sus significados más profundos. Sin embargo, cuando Clément recordaba una experiencia inusual en Francia donde una colonia de mariquitas invadió las juntas de sus ventanas correderas, impidiéndole abrirlas a pesar de tener vista sobre un parque, me hizo pensar en como los factores externos, como la contaminación o, en este caso, insectos, pueden obstaculizar el uso diario de una ventana y frustrarnos a lo largo del tiempo.

Ventanas ideales

Las experiencias pasadas y las expectativas futuras hacia las ventanas se entrelazan, ya que un recuerdo positivo o negativo moldea nuestras preferencias. Crecer en una casa con ventanas de madera, como lo vivió Clément, puede infundir el deseo de recuperar esa misma sensación de calidez. Nuestras preferencias de ventana también pueden estar influenciadas por imaginarios personales o colectivos; como cuando pregunté sobre una ventana ideal, mis encuestados expresaron el deseo de tener grandes ventanas tipo bahía. Youssef y François soñaban con una vista al mar: una terraza con vista a la playa para Youssef, donde pudiera escuchar el sonido de las olas, y un faro en una tormenta para François. Youssef también anhelaba un jardín con árboles, similar al deseo de Clément de tener más verdor, resaltando el deseo general de entornos naturales.


Era interesante preguntar a los participantes cómo cambiarían su ventana actual a través de ejemplos prácticos, y no idealizados. Por ejemplo, si solo les preguntaba qué cambiar de su vista, François eliminaría los edificios para ver qué hay detrás, "si hay un parque o algo interesante, algo que no sean edificios", para observar de cerca la vida diaria de las personas. Si les preguntaba cómo cambiar las características de su ventana, François anhelaba una ventana más grande sin barras y mosquiteros, y reemplazaría las cortinas polvorientas por persianas. Además, François decía querer disfrutar de su cigarrillo en un balcón, como podía hacer cuando vivía en la habitación de Youssef un año antes, ya que parecía ser un ritual que echaba de menos. Por último, si les preguntaba cómo cambiar una situación que afectaba el uso actual de sus ventanas, François lamentaba la incapacidad de abrirlas completamente debido a su gato, destacando una vez más cómo las limitaciones cotidianas pueden remodelar nuestra relación con una ventana.

Les pedí a mis participantes que imaginaran sus ventanas ideales, lo que nos llevó a conversar sobre las que evitarían. Basándose en sus experiencias pasadas, François evitaría ventanas pequeñas con barras, mientras que Aube y Clément rechazarían ventanas tapiadas. Nuestra aversión hacia ciertas ventanas también puede provenir de lo observado y no de la experiencia directa. A este respecto, Youssef expresó su disgusto por las ventanas que no podían cerrarse fácilmente, cuando debería ser su función principal, así como las ventanas que daban directamente a la suya, porque "incluso si solo quieres echar un vistazo, puedes ver la vida privada de otras personas". Youssef luego explicó su desdén por las ventanas en planta baja por razones de privacidad, pero también de seguridad, ya que podrían ser fácilmente accesibles para intrusos.

Vida sin ventana

Cuando pregunté sobre la posibilidad de vivir en una habitación sin ventana, François reflexionó sobre el papel que tienen las ventanas en nuestra vida diaria, señalando que estas no solo proporcionan ventilación y luz natural, sino también una conexión con el mundo exterior: "En sí mismo es cierto que la ventana, a través de pequeñas cosas, no lo diríamos, pero puede incitarnos a salir por la mañana, puede hacernos querer... Mirar por la ventana, no la ventana en sí, sino mirar por la ventana. Nos dará la temperatura, si el clima es agradable o frío, si me pongo un abrigo, me pongo una bufanda, o no. Quiero salir, no quiero salir. Veo olala hay contaminación, no salgo. Mientras que si no tienes ventana, tienes que mirar en Internet, y luego, no me veo en una habitación sin ventana". Vale la pena señalar que el único participante que expresó continuamente insatisfacción con su ventana terminó compartiendo esa opinión sobre su vista.

François expresó malestar ante la idea de estar física y mentalmente confinado sin una ventana. Clément agregó que "incluso para la mente, el ánimo, necesitamos algún tipo de luz, necesitamos ver cosas afuera para identificarnos con esta mezcla social y natural". Al permitir que se imaginen cómo sería la vida sin una ventana en tal situación hipotética, los llevó a afirmar cuán importantes son las ventanas en realidad. François reconoció que no podía cambiar fácilmente sus ventanas como podría hacerlo con cortinas: "Estoy aquí por un período indefinido, así que no tengo elección, tengo que adoptarlas tal como son, aceptarlas tal como son, con sus defectos y cualidades". Este enfoque pragmático reforzaba la necesidad de aceptar las ventanas que tenemos, aquí y ahora, en nuestra realidad cotidiana en lugar de en nuestra imaginación.

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Bye bye ventanas

Ritmos: la música de la Ciudad, una escena que se escucha a sí misma, una imagen en el presente de una suma discontinua. Ritmos percibidos desde la ventana invisible, perforada en la pared de la fachada… Pero junto a las otras ventanas, también está dentro de un ritmo que se le escapa… Ninguna cámara, ninguna imagen o serie de imágenes puede mostrar estos ritmos. Se requieren ojos y oídos igualmente atentos, una cabeza y una memoria y un corazón. ¿Una memoria? Sí, para captar este presente de otra manera que no sea en un momento instantáneo, para restaurarlo en sus momentos, en el movimiento de diversos ritmos. Henri Lefebvre, Ritmoanálisis, 2013, p.45.

 

A través de las ideas compartidas por mis cuatro encuestados, he llegado a refinar lo que descubrí en los capítulos anteriores, que las ventanas, a pesar de ser objetos físicos, pueden ser personalizadas y moldeadas por las experiencias compartidas con ellas. Las ventanas son esenciales para la vida en interiores mientras nos mantienen conectados con el exterior. Junto con las puertas, son la forma que puede ser abierta y cerrada , situadas entre lo privado y lo público. La vista y los sonidos que ofrecen son parte integral de nuestra rutina diaria, mientras que nuestras interacciones con ellas así como sus historias revelan nuestras necesidades de luz, aire y actividades, mientras que nos muestran el clima y protegen de días contaminados, polvorientos y tormentosos. Nos recuerdan, sobre todo, dónde estamos en el tiempo y el espacio, invitando a la contemplación y la introspección. Por lo tanto, reflexionar sobre las ventanas revela una cierta intimidad y estilo de vida que varía de una persona a otra.

Como investigador y practicante visual, mi enfoque ha sido inductivo, ensamblando fragmentos de información extraídos de entrevistas y observaciones para informar marcos teóricos más amplios. Además, como las ventanas de la residencia Bolin Aiyue eran mi interés principal, entrevistar a vecinos chinos podría haber completado la interpretación sociocultural de este proyecto. Al entrevistar a personas sobre sus ventanas, un diseñador o arquitecto podría replantearse interiores y exteriores, mientras que para este proyecto, solo me proporcionaba nuevas perspectivas que no podría haber explorado solo. Con este último capítulo, el proyecto concluyó después de cinco meses de trabajo, desde enero hasta junio de 2021, aunque comenzó inconscientemente en el momento en que llegué por primera vez a mi apartamento el 2 de octubre de 2017.

Con estas anécdotas e historias, se nos ofreció perspectivas infinitas por investigar, y más sabiendo el número de apartamentos en la residencia, ya que vemos las proporciones aún mayores que podría tomar este proyecto. Mientras algunos pasan su vida mirando desde o hacia la misma ventana, mis pocos meses de observación apenas han rasgado la superficie para entenderlas. Sin embargo, el verdadero valor del proyecto ha radicado en su patrón estructurado de estudio, basado en estos seis pasos que pueden ser utilizados para futuras investigaciones sobre ventanas, para luego producir una mayor calidad y cantidad de experimentos. Finalmente, al igual que realicé mi proyecto anterior 'Detalles de una calle' antes de dejar mi trabajo anterior, y por lo tanto la calle por la que caminé durante tres años, realicé este nuevo proyecto sobre ventanas sabiendo que tendríamos que mudarnos a finales de junio de 2021, después de residir en este apartamento durante tres años y medio. Esta melancolía predecible reaparece bajo diferentes ángulos en estos tres proyectos visuales en Pekín y aumenta mi apego a lugares específicos de mi entorno directo mientras valoro su mundanidad poco interesante que no es menos representativa de la vida misma.

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